|
Discurso del XIX aniversario de la fundación del PRD
Alejandro Encinas Rodríguez
México, D. F. 5 de mayo de 2008
Amigas y amigos:
Agradezco infinitamente su presencia en día de hoy en el este décimo noveno aniversario de la fundación del PRD y me da machismo gusto estar hoy con ustedes, compañeras y compañeros, hombres y mujeres y gente que han ayudado a construir el partido político más importante que la izquierda mexicana haya construido en su historia, son ustedes hombres y mujeres de lucha con los que hemos caminado juntos en la construcción de un futuro de esperanza y de progreso para todas las mexicanas y los mexicanos.
Y me da mucho gusto que hagamos una celebración de esta naturaleza, en donde estemos haciendo una reflexión, sobre estos 19 años de lucha y de los problemas nacionales del país, temas tan importantes como los que ha mandado nuestro compañero Leonel Cota, vinculados con la defensa del petróleo y la lucha democrática.
Qué diferencia de otro eventos, que tienen que recurrir a la música y a los cómicos para convocar a su militancia. Me recuerdan las viejas prácticas del charrismo sindical o las prácticas del viejo Priismo para repartir despensas y comprar conciencias.
Aquí hay gente libre y conciente con la que venimos construyendo a nuestro partido, también me da mucho gusto estar acompañado de dirigentes nacionales y estatales con los que hemos construyendo la izquierda unida, con compañeros de la vieja guardia, como nuestro querido compañero Gerardo Unzueta, con mi compañera, Marta Pérez Bejarano, del Gobierno Legítimo, y en especial me da mucho gusto estar acompañado, de nuestro amigo, nuestro compañero, Leonel Cota Montaño, siendo un ejemplo de dignidad y de entereza por que siempre se colocó por encima de los intereses particulares y de grupo por la presidencia del partido, a pesar de los chantajes, las amenazas y las presiones siempre defendió el interés general del partido y nunca fue cómplice, ni dejó en la impunidad las acciones fraudulentas del partido.
Compañeras y compañeros.
Llegamos a la celebración del XIX aniversario de la fundación del Partido de la Revolución Democrática, en momentos de gran polarización política en nuestro país, donde se debaten y confrontan dos proyectos de Nación claramente diferenciados entre la izquierda y la derecha.
Nuestro país vive momentos definitorios, pues las reglas de la convivencia nacional establecidas al final del siglo XX están agotadas, y la elite que ha gobernado los últimos veinticinco años ha venido sustituyéndolas por la vía de los hechos, sin dialogo y sin acuerdos que garanticen una nueva gobernabilidad.
Durante las últimas tres décadas, la acción de múltiples factores internos y externos generó cuatro grandes procesos que transformaron profundamente la vida de los mexicanos, y que pueden producir cambios irreversibles e inaceptables para la mayoría de los mexicanos, lo que nos obliga como perredistas y desde la izquierda a examinar la situación, a fin de evitar que irresponsablemente se conduzca al país a rupturas irreparables en el tejido social.
Cuatro procesos definen esta coyuntura
1. Agotamiento del régimen político autoritario, que permitió la alternancia política y que después conllevó a la lamentable regresión de nuestra tradición democrática en el país.
En 1988, el Ing. Cuauhtémoc Cárdenas Solorzano fue despojado de la Presidencia de la República, para imponer a Carlos Salinas de Gortari.
De esa coyuntura nació nuestro partido, la más grande organización política de las izquierdas en la historia del país, que decidió mantener en lo fundamental la estrategia de mejorar la organización y de acumulación de fuerzas, creyendo que en un sexenio se podrían remontar las causas y las consecuencias del fraude; después logró ganar 7 gubernaturas estatales, destacadamente la Jefatura de Gobierno del Distrito Federal.
Así llegó el 2006 y, de nueva cuenta, nuestro candidato Andrés Manuel López Obrador fue despojado de la Presidencia de la República mediante una vasta operación de Estado que incluyó la actuación ilegal del propio Presidente de la República, del Consejo Coordinador Empresarial, del sistema de medios de comunicación, evidenciando que quienes detentan el poder siguen actuando bajo la premisa de no admitir, en ninguna circunstancia, la llegada de la izquierda al Poder Ejecutivo.
Al tiempo que las izquierdas se abrían camino con la estrategia de unir a sus diversas vertientes, la derecha panista avanzó recibiendo en sus filas al empresariado agraviado por las políticas de los gobiernos de Echeverría y López Portillo, aprovechando el debilitamiento del PRI por las escisiones de sectores progresistas del mismo que concurrieron en el PRD, y por las políticas anti-populares de sus últimos gobiernos, se convirtió en una fuerza competitiva que ganó la Presidencia de la República en el año 2000.
Vicente Fox integró, según sus propias palabras, un “gobierno de empresarios y para empresarios”, continuó la misma política económica de los gobiernos neoliberales del PRI, designó al Secretario de Hacienda que le propuso el FMI, dilapidó los excedentes petroleros históricos, y con su conducta en el proceso electoral creó las condiciones para la usurpación de la Presidencia de la República por el candidato de su partido, lo que generó un profundo retroceso en nuestra transición democrática.
Esta regresión en la vida política del país, se ha expresado también en los procesos electorales locales, aumentando significativamente las denuncias de intervención gubernamental, el uso indebido de grandes cantidades de dinero de dudosa procedencia la judicialización de prácticamente todas las elecciones.
Por ello, es necesario que nuestro partido y el conjunto de las izquierdas avancemos en revalorar su estrategia de los últimos treinta años y admitir que los fraudes de 1988 y 2006 no han sido accidentales sino expresiones de que la derecha en el poder nunca ha estado dispuesta a que se dispute el poder a través de procesos electorales equitativos, y menos a reconocer el triunfo de un candidato de las izquierdas y establecer las reglas de la competencia por el poder político.
2. Aplicación dogmática de las políticas neoliberales, que nos han llevado al estancamiento económico y la mayor desigualdad social de la historia del país.
A raíz de las crisis económicas de 1976 y de 1982, los sucesivos gobiernos han aplicado meticulosamente las medidas de política económica neoliberal privatizando sectores productivos enteros para dejarlos en manos del sector privado, extranjerizando cada vez más la planta productiva nacional, perdiendo cadenas productivas y llevando a la ruina al sector rural, generando un número insuficiente de empleos, exacerbando la desigualdad con resultados mediocres en términos de crecimiento y desarrollo económico.
Los neoliberales del PRI y del PAN no han generado condiciones propicias para el crecimiento económico, por lo que el país depende del ingreso masivo de capital extranjero, y el único ámbito de la economía atractivo para ellos es el energético, en particular la industria petrolera en su conjunto.
Las reformas energéticas propuestas por Calderón, son parte de la misma política aplicada desde hace 25 años. Se trata de dejar en manos del capital privado, nacional y extranjero, al sector energético y, dejar al Estado sin capacidad de utilizar la renta petrolera como palanca del desarrollo nacional, y como pieza clave para disminuir la desigualdad y combatir las causas de la pobreza.
La situación es extremadamente complicada, pues al gobierno de facto no le importa conducir al país a la ingobernabilidad y está dispuesto a llevar su política hasta sus últimas consecuencias.
En este contexto las izquierdas no pueden podemos aceptar esta situación de hecho, so pena de admitir la inviabilidad, por décadas, de nuestro proyecto político, por ello el enfrentamiento es inevitable por todas las izquierdas frente a esa derecha voraz que tiene el país.
3. Desmantelamiento del Estado Social, reemplazándolo por un Estado a la medida de los intereses particulares que lo tienen copado..
Al tiempo que se aplicaba el modelo económico neoliberal, la cúpula gobernante despojó al Estado Mexicano de los instrumentos para procurar la justicia social y los que le permitían desempeñar su función rectora de la economía.
El modelo económico puesto en práctica produjo la transferencia de poder a un puñado de grandes empresarios. Así, el Estado autoritario, corporativo y corrupto construido bajo el dominio del PRI, fue sustituido por uno igualmente corrupto, antidemocrático y orientado por los grupos que lo han capturado para proteger sus intereses.
La intención de que el Congreso de la Unión apruebe las reformas energéticas violando abiertamente la Constitución, llevará la ilegitimidad que hoy tiene Calderón al Legislativo y, previsiblemente al Judicial, con lo que el pueblo de México no tendrá otra opción, no tendrá otro camino que la no cooperación en la gobernabilidad arbitraria que se le está imponiendo.
4. Integración silenciosa y subordinada de la derecha mexicana hacia los Estados Unidos
Los últimos veinte años han sido el lapso de la reconfiguración del mundo bajo la conducción de Estados Unidos, tras de la disolución de la Unión Soviética. Su poder ha sido utilizado para abrir mercados a las empresas norteamericanas y para imponer la ideología neoliberal en todo el mundo. En nuestro país no tuvieron grandes dificultades para imponer sus mandatos que con la firma del Tratado de Libre Comercio en 1994 aceleró la integración de nuestra economía a la de Estados Unidos.
La llegada de Vicente Fox a la Presidencia de la República, los acontecimientos del 11 de septiembre de 2001, el poder creciente de las elites económicas, entre otros factores, condujeron a la creación de la Alianza para la Seguridad y la Prosperidad de América del Norte como el mecanismo para conducir el proceso de integración de México a EU en otras áreas, asumiendo que la prosperidad llegará México con la profundización del libre comercio, y que la agenda de seguridad de E.U. y el concepto de Perímetro de Seguridad de América del Norte, deben orientar nuestra política en esa materia.
Los compromisos asumidos en ASPAN se traducen en “acuerdos ejecutivos” que los gobiernos aplican sin el conocimiento y la aprobación de los respectivos congresos, y su orientación se determina por recomendaciones de diversos grupos de trabajo formados para el efecto.
De ahí surgió el Consejo Asesor para la Competitividad de la región participan los más prominentes empresarios de los tres países y en él actúa el grupo empresarial que ha capturado al Estado mexicano. De ese Consejo surgió la recomendación de la privatización de los energéticos mexicanos a través de la modificación a la legislación secundaria, con el propósito de darle contenido al concepto de Seguridad Energética de América del Norte.
Las reformas energéticas de Calderón pretenden subordinar a México a los intereses estratégicos y a la política de Seguridad Nacional de Estados Unidos, pues con las reglas del TLCAN será imposible sujetar a las empresas norteamericanas al interés del pueblo de México, y ello implicará ruptura definitiva del pacto social que propició la convivencia pacífica de los mexicanos.
Los cuatro procesos descritos han llegado a una situación límite, pues su desarrollo e interdependencia obliga a tomar urgentes decisiones en los cuatro ámbitos que cambiarán, para bien o para mal, la situación del país. La inercia gubernamental y las ambiciones de las elites pueden conducirles a suponer que pueden seguir imponiendo su punto de vista, lo que desembocaría en una grave inestabilidad política. Mientras que la inercia de las izquierdas puede conducirlas a no valorar la gravedad de la situación y a no enfrentarla con la seriedad debida. Todos los actores relevantes del país debemos convencernos de que la coyuntura es decisiva y que lo peor que puede suceder es desestimarla.
Por eso es muy importante que trasformemos la actitud y las prácticas políticas actuales de nuestro partido.
Después del fraude de 1988, Cuauhtémoc Cárdenas convocó a la formación de un nuevo partido político, que fuera la expresión del movimiento que apoyó su candidatura y preparara las condiciones para la elección de 1994. El objetivo era claro: sacar al PRI de la Presidencia.
De los cuatro partidos del Frente Democrático Nacional, solo el PMS respondió afirmativamente, el PPS, el PFCRN, y el PARM fueron cooptados por el gobierno de Salinas de Gortari y desaparecieron posteriormente. Los esfuerzos para cumplir los requisitos legales para obtener el registro del nuevo partido se toparon con la operación saboteadora del gobierno, fraudes descarados en sucesivas elecciones locales bajaban los ánimos y disminuían el impulso. Al final se optó por utilizar el registro del PMS y el 5 de mayo de 1989 nació formalmente el PRD, como un partido de militantes conscientes, de intelectuales comprometidos y de muchos seguidores del líder, convencidos de la inminencia de su triunfo.
La inmensa mayoría de sus militantes eran ciudadanos independientes y solidarios, motivados en la lucha por el objetivo compartido, con un conjunto de dirigentes de prestigio. Esa militancia no requería otro tipo de incentivo para la lucha; los espacios que se conquistaran en las elecciones locales constituirían una plataforma más solida para la gran batalla de 1994.
A golpe de represión, fraudes y cooptación de dirigentes, Salinas frenó el impulso del movimiento, y con diversas medidas fortaleció sus alianzas con diversos factores de poder del país y del extranjero, con todo lo cual el PRD apenas logró un 8% en las elecciones intermedias de 1991. Las ofensivas políticas y los fraudes electorales no disminuyeron en la segunda mitad del sexenio y así llegamos a 1994.
El primero de enero ocurrió el levantamiento Zapatista en Chiapas y en marzo el asesinato del candidato del PRI Luis Donaldo Colosio. Así se configuró el escenario del voto del miedo que condujo al triunfo de Zedillo.
Como consecuencia, se empezaron a difuminar los objetivos fundadores del partido y el proceso de diversificación de los mismos. La nula formación política y programática, propicio que franjas importantes del partido se desmovilizaran al percibir que el triunfo se alejaba, y un número importante de militantes empezaron a requerir incentivos selectivos: beneficios directos a través de los programas sociales públicos, otorgados por gobiernos propios y ajenos, o promociones a cargos públicos o del partido, o a candidaturas para espacios de elección popular, lo que aisló a muchos militantes y a los intelectuales que participaban en la vida partidaria.
Así se inició el desarrollo de los agrupamientos clientelares y de mutuo apoyo y protección que durante una década han detentado el dominio del aparato, para satisfacer a sus clientelas o administrar espacios para promover a los leales. Los objetivos principales del partido pasaron a segundo término.
Esto condujo a que el PRD haya sufrido una profunda mutación: de un partido de militantes solidarios, activos y convencidos de la justeza de las causas y objetivos de la organización, a otro donde la competencia de la burocracia partidaria por los incentivos particulares, se ha convertido para algunos grupos del partido en un fin en sí mismo y que no dudan en llevar a cabo prácticas fraudulentas para conseguir sus objetivos particulares.
Con el predominio de una burocracia que busca incentivos particulares por el retraimiento de los que se movilizan tras los grandes objetivos y causas del partido, se ha generado un fenómeno preocupante: la subordinación de los fines del partido a la estabilidad de las burocracia partidaria, cuyos líderes nunca niegan o dejan de mencionar los objetivos más nobles de la organización, pero siempre escogen las estrategias que no pongan en riesgo la estabilidad y el desarrollo de la fuerza de su facción.
Ello se traslada también a la inserción lograda en los espacios de poder del Estado, pues cada espacio en su poder se vuelve otro objetivo en sí mismo, pues acrecienta el número de incentivos disponibles para el reparto y el consiguiente fortalecimiento de su clientela corporativa.
Ello explica el hecho de que si en algún momento, como el actual, la lucha por los grandes objetivos del partido exige poner en tensión todas nuestras fuerzas para lograr revertir la intensión hegemónica de la derecha, quienes se oponen a las acciones de resistencia enérgica, son los leales soldados de las facciones que no desean poner en riesgo sus posiciones y beneficios personales.
La crisis del PRD: oportunidad para avanzar, construir el rumbo y construir un nuevo instrumento de lucha.
Con lo descrito hasta aquí no habría lugar a la esperanza. Sin embargo, desde las movilizaciones contra el desafuero de López Obrador, pasando por la campaña electoral del 2006, la lucha contra el fraude y la defensa de los hidrocarburos, grandes sectores de ciudadanos que comparten las aspiraciones que dan sentido a las izquierdas, han regresado a la acción en un movimiento, amplio y diverso.
Millones de ciudadanos luchan sin exigir incentivo particular alguno y que harán posible que las izquierdas respondan al nivel que requiere la gravedad de la situación y, en su caso, llevar a todos los rincones del país la resistencia civil pacífica.
Son ciudadanos que intuyen que si el gobierno de facto se sale con la suya en la privatización de la renta petrolera, no habrá futuro viable para el pueblo de México y que, por ello, debemos jugarnos nuestro capital político, hasta lograr que se desistan de la intención de privatizar el petróleo, reconozcan la contribución de la izquierda a la estabilidad del país y se dispongan a construir un nuevo pacto social y, como consecuencia, revisar integralmente la Constitución.
El movimiento en defensa del petróleo tiene el potencial suficiente para unir a la mayor parte de los movimientos y organizaciones sociales que existen en el país con las fuerzas políticas que integran el FAP, y para construir una mayoría social capaz de detener las reformas calderonistas e imprimir su sello en la construcción del Estado democrático y social que requiere México.
Por ello, las izquierdas que hemos actuado en el PRD, estamos obligados a propiciar un nuevo dialogo entre las partes que constituyen el movimiento democrático en su conjunto y a poner a la disposición del mismo nuestra voluntad de construir un nuevo instrumento político, para derrotar la acción del Estado capturado por los intereses particulares y crear las condiciones para que nuestro país recupere su soberanía y construya una vía para el desarrollo sustentable y un incorporación digna en el mundo globalizado.
El 21 de octubre de 1988 un grupo de mexicanos y mexicanas lanzamos un llamamiento al pueblo de México para formar el Partido de la Revolución Democrática, "una organización que sea la expresión política del cambio social y cultural que estamos viviendo, el partido de la democracia, de la constitucionalidad, de la Revolución Mexicana, de la dignidad del pueblo y del progreso. Necesitamos un partido nuevo que en alianza con todos los partidos y organizaciones democráticas que conquistaron la victoria del 6 de julio de 1988, sea expresión de la pluralidad y al mismo tiempo de la inmensa masa ciudadana todavía no organizada.
El 5 de mayo de 1989, en el discurso inaugural de la Asamblea Nacional Constitutiva del PRD, Cuauhtémoc Cárdenas señalaba:
"El camino del Partido de la Revolución Democrática no un camino fácil. La lucha debe librarse en frentes múltiples: en la organización misma del partido en los municipios, estados y nacionalmente; en propuestas cada vez más claras…; en el cumplimiento de sus compromisos de gobierno y legislativos, en los puestos ganados a la delincuencia electoral, al fraude y a la imposición; en las contiendas electorales; en la solidaridad activa de las demandas populares y vinculando al partido más y más con las organizaciones sociales; ampliando alianzas; cuidando y depurando las formas de trabajo partidario…
“La lucha sólo puede mantenerse viva y el Partido de la Revolución Democrática representando una perspectiva real de cambio democrático, si se conduce con apego estricto a sus principios.
Queremos que nuestra organización sea un instrumento de la sociedad, y no tan sólo de sus miembros o dirigentes, y para ello tendrá que dar en sus normas democráticas, en su vida interna, en la transparencia de sus recursos, en la autonomía de sus componentes regionales, en la libertad de sus tendencias y corrientes en su seno, en la unidad y en el respeto de las decisiones colectivas y, sobre todo, en la conducta personal de cada uno de sus miembros, la imagen tangible de aquello que propone para el país y para la sociedad.
Ese es el proyecto que nos unió y que queremos rescatar.
A 19 años de lucha el PRD es un partido nacional, es un referente importante para millones de mexicanos, es un factor fundamental para la estabilidad política del país, es un dique contra los intentos por renunciar a nuestra soberanía y patrimonio nacional.
Por ello debe superar esta crisis, ocasionada por una burocracia renuente a los cambios y a toda costa y sin escrúpulos protege sus privilegios. Sin importar si se debilita o divide al PRD.
Por eso estamos aquí, por ello el proyecto que representamos para el PRD ganó las elecciones internas; por eso hemos actuado y los seguiremos haciendo con responsabilidad, conscientes de que el partido no es su burocracia sino de los millones de militantes y simpatizantes que han depositado su esperanza en nuestro proyecto político.
Llamo a los militantes del PRD a defender su voto, a través de nuestros instrumentos legales, no vamos a caer en provocaciones ni en actitudes irresponsable que solo benefician a la derecha a la cual combatimos; nosotros no vamos a cumplir el papel de tontos útiles. La verdad y la legalidad interna se impondrá ante los intentos por desacreditar al partido y defraudar la voluntad de la militancia. Con firmeza, inteligencia y aplomo vamos a defender el triunfo que hemos alcanzado para iniciar la transformación profunda que requiere el partido, repensar a la izquierda y construir la mayoría que conducirá en el 2012 los destinos de México. Vamos a un partido con principios, con valores, con lealtad donde lo primero que vamos a reivindicar es la defensa de los derechos del pueblo de México.
“Democracia ya, patria para todos”
|